martes, 12 de agosto de 2008

-“A veces me parece como si esta escena la hubiéramos vivido siempre juntos. Cuando vi aquella mujer solitaria de tu ventana, sentí que eras como yo y que también buscabas ciegamente a alguien, una especie de interlocutor mudo”.

La obra de Sabato gira en torno a una búsqueda que origina la ausencia misma; los personajes sufren y buscan, queriendo encontrar algo que ocupe ese lugar vacío*.
En el amor –dice Boyé- buscamos objetos en el otro, con la ilusión de encontrar el complemento que nos falta.
Castel cree que él y María están destinados a permanecer juntos. Dedica todos sus esfuerzos para lograr este fin, fantasea con las posibles y múltiples realidades con las que se podrá encontrar a lo largo del emprendimiento, buscando soluciones lógicas y precisas para no entorpecer la tarea; hasta que, finalmente, se da cuenta de su condición: siempre estuvo y estará solo.
La búsqueda del objeto perdido desata la angustia, el agujero quedará vacío siempre, porque el objeto no existe. A raíz de eso siente los abismos oscuros que lo separan del mundo y de los otros. Sabato describe la desesperación de saberse solo en un mundo desconocido; que es absurdo en tanto no haya objeto, el sentido se lo da la búsqueda que, como la pulsión, se mantiene activa: buscando la satisfacción plena, total, que nunca alcanzará.


* Boyé se refiere al lugar vacío como objeto perdido que será ocupado por distintos sustitutos. Las pulsiones parciales se van desplazando a través de distintos significantes y nunca alcanzan un objetivo concreto; el todo se perdió, no existe.