Capitalismo y esquizofrenia. Es indudable que ambos elementos constituyen, indisolublemente, una síntesis contextual del pasado siglo, llegando a lo más álgido el último cuarto del mismo.
Porque, repasemos, el nacimiento del capitalismo puede situarse muy tímidamente en algún punto del siglo xvii, sustituyendo a la antigua forma de producción feudalista, y desde ese momento extenderse hasta nuestros días, sin importar que actualmente se encuentre agonizando a causa de su propio desgaste y agotamiento; mientras que la esquizofrenia es un trastorno descubierto a principios de siglo xx.
El capitalismo se consolida y deviene en imperialismo, el delirio y la paranoia avanzan a su paso, marcando las pautas de lo que se vislumbraría en el nuevo mundo moderno.
Chaplin en “tiempos modernos” advertiría las claras consecuencias de la alienación, el trabajador enajenado es poseído por una máquina, y no puede salir de ese estado ni en su tiempo libre, donde funciona una industria cultural que, al servicio de aquel sistema opresivo, lo entretiene y controla, adormeciéndole la conciencia y estrechando sus miras hasta la nulidad, sin dejar escapatoria.
La película es una referencia obligatoria para estudiar el contexto histórico social del proletariado y de ahí su valor tanto documental como de crítica social.
Avanzando abruptamente en el tiempo -porque esta introducción solamente la pensé para postular que la cultura se construye socialmente con elementos que giran alrededor suyo, absorbiéndolos, y el arte es una manifestación de la misma, es el reflejo social; y su carácter de permanencia nos ayuda a comprender las sociedades pasadas desde el presente-, “Fight Club” (1999), película dirigida por Fincher, no se trata de un clásico simplemente, es una clave para entender de qué manera opera el capitalismo financiero y los niveles de violencia, delirio y cosificación que el mismo es capaz de engendrar.
La historia es contada por el propio protagonista, quien, hastiado ya de la vida, de su trabajo, del consumismo sin sentido, de sus problemas de insomnio graves, decide inmiscuirse en grupos de autoayuda, y luego iniciar y formar parte de un club de pelea clandestino, que cada vez consigue más adeptos, hasta llegar a convertirse en una red de terrorismo anti sistema.
Es una gran película en todo nivel; la narración es ágil, con una estética tipo videoclip, los planos se suceden rápidos y vertiginosos, el conjunto encanta la mirada de cualquier joven espectador.
Y quizás, dentro de cincuenta años, la película sea material bibliográfico de quienes quieran comprender los efectos siniestros que causaba el capitalismo a la sociedad –y sus consecuencias psicóticas- a finales de siglo xx.