jueves, 11 de junio de 2009

Eugenia, hablando muy mal de una persona que al parecer no es de su agrado y ante mi cara de reprobación, porque además de caerme en gracia, con los años me vuelvo cada vez más compasiva, se excusa: “Yo ya sé que soy una conchuda, pero… ¿qué querés que haga? No puedo cambiarlo”. Lo que viene a demostrar que, cuando uno goza de atributos inexorablemente ligados, como belleza y juventud; otras cualidades, tales como bondad, sensibilidad y humildad quedan terriblemente obsoletas.