lunes, 15 de junio de 2009

Victor Erice

Fragmento de entrevista a Victor Erice por Mario Campaña; en Revista Ajo Blanco, n° 123, 1999, Barcelona.
En varias (escasas) ocasiones usted ha realizado apuntes de los que se podrían deducir líneas generales de una poética cinematográfica personal, con menciones al cine mudo, al documentalismo de Flaherty o al realismo de exposición de Rosellini, y en la que se siente también la inspiración de la pintura y la poesía. Más que a una tensión narrativa, sus películas parecen aspirar a una tensión poética construida por imágenes en su transcurrir, que parecen buscar esa revelación o conocmiento que postula usted como una de las finalidades del cine. Se puede decir que su cine está hecho no sólo para ser visto sino además para ser contemplado y aprehendido, dicho del modo en se puede decir que la pintura, o la poesía, demandan no sólo vista o lectura sino además, contemplación, es decir, una visión prolongada y libre del objeto que sea capaz de recrearlo y enriquecerlo. ¿Esta apreciación es correcta?
-Sí, lo es. Y creo que expresa muy bien algo a lo que, como cineasta, aspiro. Que las imágenes susciten en el espectador una actitud de contemplación y un descubrimiento es un objetivo que pertenece a los orígenes mismos del cine. No es una aspiración de hoy, teñida de modernidad. Y es cierto que siempre me ha interesado mucho la relación que puede establecerse entre ficción y documental. De ahí, las referencias a Flaherty, Murnau, Renoir y Rossellini, que se pueden extender también a los principales cineastas de la nouvelle vague francesa. Me conmueve de una manera particular el cine cuyas imágenes discurren al compás de los hechos más esenciales de la vida, el que da cuenta sencillamente del paso de los días... El cine de Yasuhiro Ozu, por ejemplo, que es también una referencia esencial.

-Parece usted confiar al silencio y a la fuerza poética de las imágenes, alumbradas por una luz especial, cálida, una parte considerable del desarrollo dramático de sus películas. ¿Por qué considera esenciales estos factores, el silencio y la riqueza lumínica de las imágenes?
-Antes que hablar de imágenes preferiría hablar de planos. Cuando era joven creía en la belleza de la imagen, pero hoy creo, sobre todo, en la justeza del plano. Porque el cine -esta es una de las lecciones que he aprendido- no es una cuestión de imágenes, sino de planos. La belleza de un plano, su justificación, su acierto, es algo muy distinto a la belleza de una imagen.

-¿En qué consiste la diferencia?
-Los planos son la manera en que las imágenes de una película respiran. Tienen que ver, sobre todo, con la duración, el ritmo. Hasta el punto de que puede decirse que hay cine, verdadero cine, sólo cuando las imágenes respiran. En caso contrario, se cierran sobre sí mismas y solamente ostentan una belleza decorativa. Pero a los rasgos que usted cita yo añadiría el sonido, la banda sonora en su totalidad, que para mí es también un recurso básico. En cuanto al silencio... Robert Bresson, el más grande cineasta vivo, aunque hace mucho tiempo que no ejerce, escribió algo que conviene recordar: "El cine sonoro ha inventado el silencio". El silencio del cine mudo era de otro orden, puesto que sus imágenes eran capaces de hablar con una elocuencia especial.