domingo, 20 de febrero de 2011
estar sujeto a la impredecibilidad, al caos y al azar es miedo al futuro, o mejor dicho, a la ausencia de un futuro, y yo no puedo permitirme de ninguna manera dormir debajo de su nubosidad variable, porque me arrastraría a su vorágine de confusión infinita e insaciable, que absorbe con desesperación centrípeta todo cuanto haya a su alrededor, algo parecido a mi pesadilla recurrente (sueño que estoy dormida hasta que la cama empieza a hundirse hasta el centro de la tierra, no tengo donde sujetarme y me levanto asustada porque no se puede tener sueños tan horribles) pero peor, mucho peor, porque las reglas son tan francas y transparentes como absurdas: someterme a lo fortuito e inesperado, adoptar la inestabilidad tenazmente, y procurar como lugar de pertenencia un refugio precario.