No puedo estudiar, no puedo leer, no puedo hacer nada más que pensar. Es que me molesta la incomodidad de la incertidumbre, de las irresoluciones permanentes, de existir sintiendo, creyendo y soportando la ausencia de dios.
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“Graciá` a dió, que no creo en nada” cantaría Calamaro Jr. En este caso la contradicción no me resulta ni siquiera llamativa, más extraño me parecería que este sujeto cante algo coherente. Pero me acordé porque podría relacionarlo, bastante lastimosamente, con las confusiones que me genera la idea de Dios.
Porque si te va mal en algo, tarde o temprano, y en el horizonte de posibilidades, vas a encontrar un consuelo. Ahora, cuando te va para el orrrto, directamente negás la existencia de Dios. Porque cuando te va para el orrrto no encontrás de dónde sostenerte, no hay nada alrededor para apoyarse.
Nos alivia la existencia creer que hay un poder superior que nos ampara, nos hace sentir menos frágiles; porque negar su existencia es aceptar que el mundo es caótico y completamente azaroso.
Cuando te va para el orto se siente ese vacío de sentido, el mundo es absurdo y no hay nada que hacer. Y entonces empezamos a construir desde los escombros, y no hay nada más difícil y pesado que eso, y parecería que nunca vamos a terminar, porque en verdad, nunca se termina.