"(...) En verdad, nunca los hombres poseen a las ideas, son las ideas las que poseen a los hombres. Ellas son los grandes verdugos invisibles. Solapados verdugos que se presentan para dar sentido a la vida y en cambio la destruyen. Y el destruido vive con exaltación su propio martirio, y cuando por acaso es abandonado por la idea, se siente hueco, como muerto, pues ella ha devorado todo lo que de viviente había en su interior.
En el vacío que separa a los hombres unos de otros la palabra ejerce la doble acción de puente y muralla. Cuando dos miradas se encuentran y parecen descubrir bruscamente el sentido de una afinidad humana, de una verdadera comunión, llega oportunamente la palabra para destruir toda ilusión, para afirmar el derecho a la soledad inalienable del hombre."