“…Pero la paz, en mí nunca la encontrarás.
Si no es en vos, en mí nunca la encontrarás.”
(l.a.s)
Detrás del enrejado, me quedé mirando el cielo pálido y rosado al final; no sé bien qué es lo que me separó del mundo durante este último tiempo. A veces siento que me acosa todo lo inasible del lenguaje. Y en esas situaciones de inexorable soledad, porque no logro alcanzar lo inalcanzable, se abre un precipicio invisible y termino aislada. Después de eso, después de todo, vuelvo con renovadas energías y expectativas al lugar que nunca abandoné, y veo cómo lentamente todo se va rearmando, de alguna manera mágica, sucesos inesperados aguardaban pacientemente para salir a la luz.
Solamente dijo “algún día”, y tan poco alcanzó para devolverme la esperanza.
Y si bien es cierto que la esperanza se origina en momentos penosos -y de ahí su carácter fermentado: nace de una descomposición de estado, y brota de esa putrefacción- es tan necesaria y tan aliviadora cuando llega y golpea así, tan abrupta y completamente, como un golpe, restituyendo de una sola vez y al instante aquello que estaba destruido.
Y que ese día nunca llegue es lo que menos me importa; lo que tranquiliza es aquello escondido detrás de esas palabras, la serenidad y la paz interior de quién se anima a pronunciarlas, ingenua y espontáneamente, con toda la frescura del desconocimiento.
Extraño y me esperanza eso, vivir sin temor a lo impalpable.
Solamente dijo “algún día”, y tan poco alcanzó para devolverme la esperanza.
Y si bien es cierto que la esperanza se origina en momentos penosos -y de ahí su carácter fermentado: nace de una descomposición de estado, y brota de esa putrefacción- es tan necesaria y tan aliviadora cuando llega y golpea así, tan abrupta y completamente, como un golpe, restituyendo de una sola vez y al instante aquello que estaba destruido.
Y que ese día nunca llegue es lo que menos me importa; lo que tranquiliza es aquello escondido detrás de esas palabras, la serenidad y la paz interior de quién se anima a pronunciarlas, ingenua y espontáneamente, con toda la frescura del desconocimiento.
Extraño y me esperanza eso, vivir sin temor a lo impalpable.