domingo, 17 de mayo de 2009

Desde hace algunas semanas estoy pensando únicamente en temas relacionados a la facultad. Como era de esperarse, la acumulación de textos terminó en un colapso cerebral, incentivado por las urgencias de entregas y parciales que no sé bien cómo van a resultar. Está claro que me encanta el rigor académico, me inyecta vitalidad. Sufro y pienso y leo y resumo y estudio y duermo poco y hasta sueño con textos, pero me gusta.
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El lunes pasado me quedé escribiendo una parte de un parcial domiciliario -¿cómo escribir un trabajo académico de modo esquemático y organizado cuando la única estructura que conozco es la del caos?-, y a la noche, después de haberme quemado la cabeza durante todo el día, cerré el documento rápido y apagué la compu para ver el desafortunado comienzo del gran cuñado de tinelli. Al día siguiente, me desperté temprano para terminar el bendito parcial y para mi sorpresa, no había guardado los cambios y últimas cosas que había agregado, y no me quedó otra alternativa que rehacer; de modo que demoré un día más la finalización del parcial. Es cierto que tinelli va en contra de la cultura, esto que pasó reconfirma contundentemente la hipótesis.
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El jueves dediqué el día a la lectura, no sé cuántas horas pasé en la biblioteca pero no creo haber leído más de 60 hojas. Hoy iba a releer y corregir el trabajo, pero preferí salir a caminar por san Telmo con este frío del orto.
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Terminó la quinta temporada de lost y vuelvo a recordar una vez más la angustiada pregunta de kandinsky: ¿qué va a reemplazar el objeto perdido?, lo que equivale a decir ¿qué ocupará el lugar vacío? Y si lo supiéramos…