La nulidad me cubre como un musgo. Los días de lluvia traen la humedad necesaria para que se desarrolle y termine por absorberme. El proceso es bastante sencillo: no hago nada durante algunos días, absorta en pensamientos poco claros y entrecortados. La vida se escurre en fascinaciones inútiles; como escuchar una canción diez mil veces seguidas, y ni siquiera es encanto, es repetición y monotonía absurda, una exteriorización del estado interno.
Ser un inútil cubierto de musgo parece más fácil de lo que en realidad es: un ejercicio de resistencia estoico, y es que es dolorosamente insoportable ser uno mismo sin distracciones que nos evadan de ser.